Aniversario del fallecimiento del Beato Francisco Palau

Aniversario del fallecimiento del
 Beato Francisco Palau

Sábado, 20 de marzo de 2010
P. Eduardo Sanz de Miguel

El Beato Francisco Palau y Quer se hizo Carmelita Descalzo en 1832 (después de cuatro años de estudio de filosofía y teología en el seminario de Lérida). A los tres años tuvo que abandonar el convento, saqueado y quemado por los revolucionarios. Le tocó vivir la exclaustración (prohibición de la vida consagrada y persecución de los religiosos). Vivió 11 años de exilio en Francia y 6 en Ibiza, sufrió numerosas persecuciones, denuncias y calumnias. Incluso varias veces estuvo a punto de ser fusilado. Si se retiraba a orar en la soledad de una cueva, decían que estaba loco; si fundaba una escuela para formar a las víctimas de la revolución industrial, le acusaban de revolucionario; si acogía a los enfermos y endemoniados, decían que ejercía la medicina sin tener título; si publicaba periódicos y libros de formación cristiana, le acusaban de meterse en política… Es la contradicción de los liberales, que defendían la democracia y la libertad, persiguiendo a la Iglesia y a los que no pensaran como ellos. Murió tal día como hoy, el 20 de marzo de 1872. Su fiesta litúrgica se celebra el 7 de noviembre.



Su vida espiritual se puede definir como una larga y torturada búsqueda del objeto de sus amores. Amaba con pasión a Cristo y a María, a Santa Teresa de Jesús, al Papa, a los enfermos y necesitados. Pero su corazón no quería estar dividido entre muchos amores, aunque todos fueran buenos y legítimos. Comienza una intensa vida mística, en la que se suceden los encuentros, las intuiciones, las ausencias, las luces interiores… Como la esposa del Cantar de los Cantares, que recibe las visitas de su amado, sufre las ausencias, cierra la puerta, se arrepiente, vuelve a abrir, lo busca, etc. Recoge su proceso espiritual en el libro Mis relaciones con la Iglesia, en el que reflexiona sobre las imágenes de la Iglesia en la Biblia: Sara, Raquel, Rebeca, Judit y todas las mujeres bíblicas son anuncio, figura, preparación de esta mujer verdaderamente amable y buena que, en la plenitud de los tiempos se manifiesta en María. La Virgen es la perfecta figura de la Iglesia, su realización más completa. Al mismo tiempo, la Iglesia es más que María. En ella se incluyen todas las prefiguraciones históricas y todos los creyentes de todos los tiempos. La Iglesia es la esposa de Cristo y es el Cuerpo de Cristo. En cierto momento, mientras da la bendición con el Santísimo a los fieles reunidos en la catedral de Ciudadela, en Mallorca, siente que la Iglesia es Jesús, que él tiene en sus brazos, y los fieles que reciben su bendición. María, los Santos, los pecadores, los que buscan y los que se hayan perdidos son la Iglesia. No partes de la misma, sino su realización real. Finalmente, ha encontrado al objeto de sus amores. La Iglesia, que en María encuentra su perfecta imagen y realización, que es “Dios y los prójimos” inseparablemente unidos. Os propongo unos textos suyos:



"Había muchos años que hacía esfuerzos de espíritu excitando mi amor para con María la Madre de Dios, y mi devoción para con ella no me satisfacía. Mi corazón buscaba su cosa amada, buscaba yo mi Esposa; y en María sólo veía actos que merecían gratitud, amor filial, pero no encontraba el amor en ella su objeto […] Yo soy María, la Madre de Dios […] Siendo la Iglesia – esto es, la congregación de todos los santos bajo Cristo su cabeza, la cosa amada – el objeto de amor designado por la ley de gracia, para que la virginidad y la maternidad, la pureza, la santidad, la belleza de la Esposa de mi Hijo, la Iglesia santa, tuviera un tipo perfecto y acabado en la concepción humana que la representara, la eterna paternidad de Dios me escogió a mí. Yo, considerada como una mujer particular, mirada como individuo, no soy el último y el perfecto término y objeto de tu amor, no soy tu cosa amada […] De hoy en adelante estaré contigo y no te dejaré más; allá donde tú irás te seguiré. Estaré contigo no en calidad de Madre de Dios, sino bajo el carácter de una joven virgen madre, y tan bella cual es capaz de concebir la imaginación humana; como individuo particular, pero como tipo perfecto y acabado de aquella virgen siempre pura que te ha sido revelada y entregada por esposa. Yo soy, con todos los santos y ángeles del cielo y los justos y bautizados de la tierra y las almas del purgatorio unidos a Cristo Cabeza, tu Esposa amada, pero no mirándome individuo particular. Como individuo pídeme, y cuanto pueda haré por ti; pero no me mires como objeto perfecto y último de tu amor, pues no lo soy: lo es la Iglesia. (Mis relaciones 1,5.11.12).