Santo Niño Jesús de Praga, bendícenos!!



Leyenda e Historia.
Sobre el origen del Niño Jesús de Praga:

“En tiempos remotos, los cristianos libraban duros combates con los infieles en la Península Ibérica. En aquellos tiempos cerca de Sevilla había un monasterio.
En la iglesia monacal y en las celdas de los monjes se oían los rezos, en los jardines del monasterio susurraban las fuentes y el perfume de las flores impregnaba el aire. Sin embargo, ocurrió que los ejércitos enemigos asediaron el lugar.
Los moros conquistaron y destruyeron el convento. Un poco más tarde cuatro monjes que habían logrado sobrevivir a la destrucción del monasterio, regresaron al asolado lugar. Se asentaron entre las ruinas e intentaban levantar otra vez el monasterio para devolverle su antigua belleza. Pasaban los días trabajando y orando. Aunque eran muy trabajadores, el monasterio se levantaba muy despacio de las ruinas.
Entonces sucedió, un día que el cielo azul brillaba sobre el monasterio, uno de esos maravillosos días de verano, cuando se sienten ganas de cantar. Un niño se acercó a uno de los monjes que trabajaban en el jardín monacal y le invitó a rezar.


Porque no iba a rezar, pensó el monje. A fin de cuentas yo debería estar rezando desde la mañana hasta la noche dando gracias por haber sobrevivido a la catástrofe de mi monasterio. Precisamente hoy debería rezar, por haber tenido la suerte de vivir un día tan bello.

Juntó las manos en súplica, se arrodilló en el perfumado jardín lleno de flores y empezó a rezar el Ángelus. Conforme iba rezando, sentía una inmensa gratitud... " ... el bendito fruto de tu vientre, Jesús", terminó diciendo, levantando hacia el niño sus ojos en los que brillaban lagrimas de gratitud.


''Yo soy Jesús," le dijo el niño con una sonrisa. El monje miraba al niño con sorpresa. Intentaba grabar en la memoria los rasgos de esa singular visita, grabarlos para siempre en la memoria. Mas ya no estaba el niño. .. Había desaparecido. Sólo el aire ardiente temblaba en el lugar donde, un momento antes, había aparecido.
Pasaran los años.
El convento estaba ahora lleno de monjes nuevos. Las paredes derrumbadas se habían vuelto a levantar. Las nuevas techumbres habían sustituido las caídas. Desde las ventanas de la iglesia se oían las canciones hasta lo lejos en toda la contornada, se oían canticos de gloria.
El repiqueteo de la nueva campana invitaba a los nuevos monjes a la hora de la oración ... El hombre, que antaño había visto en el jardín del claustro al bello niño, no había podido olvidarle. Había envejecido, pero no perdía la esperanza de poder mirar una vez más aquel rostro encantador. Había intentado reproducir en la cera los rasgos que había visto en su juventud. Una y otra vez trabajaba la cera con los dedos, intentando reproducir el retrato que tenía grabado en la mente.


Aunque a lo largo de los años había modelado muchas figuras en cera, muchísimos rostros, era incapaz de reproducir el rostro que antaño había visto. Mas un día ...
El monje intentaba una vez más reproducir en la blanda cera los graciosos rasgos que guardaba en la memoria.
Una y otra vez tocaba y retocaba la cera, buscando en sus transformaciones aquel rostro. Y de repente, como si amaneciera, quedó inundado por una brillante luz. Volvió a ver a aquel niño. Estaba delante de él, sonriente. "Aquí estoy, para que puedas terminar la estatuilla". Con los dedos que temblaban de emoción, el monje empezó febrilmente a trabajar la cera, intentando representar con la mayor precisión posible los rasgos de la criatura que estaba delante de él. En tantísimos años el niño no había carnbiado.

Al monje le parecía que su belleza era aún mayor. Sus dedos bailaban sobre la cera ternplada, como si no estuviera modelando, sino como si la cera se modelara sola, como si ella sola se moviera, ayudándola los dedos del hombre, para que la figura del niño fuera lo más fiel posible.
Finalmente la obra estaba hecha ... Al día siguiente los compañeros del monje lo encontraron recostado en el suelo, sin movimiento. Yacía al lado de la estatuilla. AI lado de una preciosa estatuilla ... En cuanto hubo acabado la figura del divino niño, expiró. Durmiendo ya, su sueño eterno entre los brazos de la muerte, seguía sonriendo. Como si estuviera mirando la cara del niño. Mirando la cara de la bondad, la cara de la esperanza. De la esperanza eterna. En la cara del amor.


Cómo llegó el Niño Jesús a Praga:

 “Aquí le entrego lo que más quiero, lo más precioso que tengo ...” Fueron las palabras que pronunció una noble dama hablando al Prior, P. Ludvik. Entró en la iglesia de los carmelitas descalzos en la Iglesia de la Virgen de la Victoria en Malá Strana. Fueron palabras pronunciadas por la noble Polixena de Lobkowicz en 1628.

Llevaba en los brazos algo envuelto en un manto blanco. ¿Qué era ese presente tan precioso, el que más quería, el presente que traía una de las nobles más ricas del Reino? ¿Qué regalo tenía en sus brazos? El prior se inclinó con una mirada curiosa hacia la señora Polixena de Lobkowicz, que sacó el regalo de su manto.
Una estatuilla.
Una estatuailla diminuta.

La señora Polixena decidió trasladar la estatua milagrosa del Nino Jesús de su capilla privada al lugar donde todos los praguenses pudieran venerarlo.
La estatuilla del Niño Jesús, antaño esculpida por un viejo monje español, había llegado hasta la metrópoli checa, hasta el hogar de los carmelitas. A partir de ese momento, uniría a sus dos patrias, la española y la checa.
"Que estaría recordando la señora Polixena el día en que entregó la imagen a los carmelitas? "Pensaría en su madre, Dona María Maximiliano Manrique de Lara y Mendoza? La jovencísima Isabel se había casado con el señor Vratislav de Pernestán, padre de la señora Polixena y adinerado noble checo. La madre de Dona Polixena, noble y pariente de las más famosas familias nobles de Arag6n y Castilla, se dirigió después de casarse, desde su soleada patria española a la Bohemia lluviosa -y era precisamente la imagen del Nino Jesús, regalo de su boda, la que la acompañaba ...
Seguro que Doña Polixena se acordaría de su madre española el día que entregó la estatua del Nino Jesús al Prior de los carmelitas.


Gracias al pincel del pintor Sánchez Coello se ha conservado hasta nuestros días la imagen de la noble española y de su hija Polixena. Una señora de cierta edad tiene de la mano a su hijita. Los dos rostros emanan inteligencia y bondad. Ciertamente, cuando el pintor hizo los retratos, las dos ya adoraban al Niño divino. En España venía creciendo el respeto hacia el Niño Jesús, gracias a la labor de Santa Teresa de Jesús. Cuentan que cuando debía emprender viaje, nunca salía sin la imagen del Nino Jesús, una estatua parecida a la de Polixena ...
Seguro que Dona Polixena recordaba aquel día en el que su madre le entregó la imagen también ella la había recibido como regalo de boda. Fue en 1587, entonces la bella Polixena se casó con uno de los nobles checos más poderosos, con Vilém de Rozmberk, noble que por poco hubiera podido convertirse en rey de la vecina Polonia. .. La estatuilla también acompañó a Dona Polixena, cuando se casó en segundas nupcias, después de la muerte de Rozrnberk, con el Canciller Superior del Reino, Zdenek Vojtech de Lobkowicz.

Asi la estatuilla del Niño Jesús tenía dos patrias, dos antiguos reinos cristianos, el checo y el español. La señora Polixena se arrodillaba delante de la estatuilla, siendo niña, mas tarde siendo novia y luego como joven mujer. Ahora, antes de tomar la decisión de retirarse al palacio de la ciudad de Roudnice nad Labem, y retirarse del mundanal ruido, se arrodilló por última vez, en la capilla familiar de su palacio en el barrio de Hradcany.
Cuentan que Doña Polixena había conocido la prodigiosa fuerza de la pequeña estatua, por cuanto había decidido no ocultar la imagen en su capilla privada. EI mismo año, en que falleció su esposo, tras veinticinco años de matrimonio, donó la estatuilla al convento. Quién sabe, si Doña Polixena no sentía hacia el Niño divino un profundo agradecimiento por su intervención, gracias a la cual tuvo su única hija. Nació de su segundo matrimonio y siendo ya bastante mayor, cuando ni ella, ni su esposo, gravemente enfermo, habían perdido la esperanza de tener descendencia...
De ese único hijo surgió una numerosa descendencia patriótica, amante de las artes, que llega hasta nuestros días. Decidió entonces entregar a los praguenses al Niño Jesús que tanto había ayudado a su propia familia.

Llevara el nombre de "El pequeño praguense". El Gracioso Niño Jesús de Praga ... "Le entrego lo que más quiero, lo más precioso que poseo, adórenle y la fortuna les acompañará”.
EI prior de los carmelitas se inclinó en una reverencia, tomó la imagen de las manos de Doña Polixena y la colocó en el oratorio. La señora Polixena y también él juntaron las manos para rezar. La temblorosa luz de las velas iluminó el blanco rostro del Niño Jesús de Praga, que en ese instante pareció sonreirse.
EI Niño Jesús de Praga se encontraba en "su casa". Ese lugar, que sería "su casa" en los siglos venideros.
La señora Polixena acabó de rezar pero no acababa de decidirse a salir de la iglesia. Una última vez levantó su emocionada vista hacia el Niño Jesús.


EI Niño era el mismo, el mismo al que había dirigido sus rezos, Polixena la novia tímida... Ahora, mientras lo miraba, no se veía dos veces viuda, no era una mujer envejecida al final de sus días. Volvía a sentirse niña, la niña que con su madre solía arrodillarse delante de la imagen. Si no envejece aquello en lo que tenemos fe, tampoco envejecemos nosotros. La juventud no está en los años, sino en lo cerca que estamos de Dios.
Una última vez los ojos de Doña Polixena contemplaron al Niño Jesús.
Quién sabe cuántas personas mirarán los ojos del Niño Jesús en los siglos venideros, cuantos millones de personas se detendrán delante del gracioso niño, cuantos murrnurarán una oración.

Dona Polixena salió de la iglesia. Se perdió el sonido de sus pasos. La iglesia quedó silenciosa. EI Prior de los carmelitas apagó las velas del Niño Jesús. Se disponía a salir. En la oscuridad apareció una luz brillante. Una luz espiritual deslumbrante. Una luz que en los siglos siguientes iluminaría desde Praga todos los continentes ...”
Fuente: M. Santini, El Niño Jesús de Praga, Ed. Martín, 1997, pp. 9-17.