Transverberación del Corazón de Santa Teresa de Jesús

Transverberación del Corazón de
Santa Teresa de Jesús
Madre nuestra
Celebración: 26 de Agosto.

Entre las virtudes de Teresa, brilló con luz propia la caridad divina. Este amor se fue avivando en ella gracias a las innumerables visiones y revelaciones con que Cristo la favoreció. Una vez el Señor la tomó por esposa.
En otra ocasión Teresa vio un ángel que con un dardo encendido le transverberaba el corazón. De resultas de estas mercedes celestiales, sintió la Santa tan abrasadamente el amor divino en las entrañas, que, inspirada por Dios, emitió el voto, difícil en extremo, de hacer siempre lo que ella creyese más perfecto y para mayor gloria de Dios
(Gregorio XV, Bula de canonización).
Tomado de los Oficios Propios del Carmelo Teresiano.
Oremos: Señor Dios nuestro, que abrasaste de un modo maravilloso el corazón de nuestra madre Santa Teresa con el fuego de tu Espíritu Santo, para fortalecerla en las empresas que por tu nombre había de realizar en la Iglesia; concédenos, por su intercesión, experimentar la fuerza de tu amor y trabajar con generosidad por la venida de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Algunos términos teresianos relacionados con la experiencia de la Transverberación:
Centella:
Oración de quietud: que es como el agua que se saca con "un torno y arcaduces", y es a menos trabajo del hortelano Vida 15,1 (en la alegoría del huerto- con la iluminante agua) Esta centellita, "es la que comienza a encender el gran fuego que echa llamas de sí" (15,4). En la oración de quietud, el alma debe andar "sin ruido", es decir, no "andar con el entendimiento" buscando muchas palabras, que "éstos son unos leños grandes" que "ahogarán esta centella" (15,6). En contraposición a los leños, valen más los sencillos actos de amor, "unas pajitas puestas con humildad que no mucha leña de razones muy doctas" (15,7).
Fuego:Oración de unión: 4º grado de oración: La centellita de la oración de quietud se convierte en un gran fuego en la oración de unión, "todo me parece una cosa, bien que el alma alguna vez sale de sí misma, a manera de un fuego que está ardiendo y hecho llama, y algunas veces crece este fuego con ímpetu. Esta llama sube muy arriba del fuego, mas no por ello es cosa diferente, sino la misma llama que está en el fuego" (V 18,2).
Después, hablando de los efectos de la oración de vuelo de espíritu dirá que son mayores que los de la oración de unión, y toma el tópico del metal fundido por el fuego (V 18,6).
Saeta: (heridas de amor)
A finales de 1565, los ímpetus de amor llegan a darse a tal extremo en Santa Teresa de Jesús que ella exclama: "verdaderamente me parecía que me arrancaba el alma". Todo el c. 29 de Vida es una declaración de esos ímpetus. Ahora, el fuego se convierte en saeta y en herida de amor. "No ponemos nosotros la leña, sino que parece que hecho ya el fuego- de presto nos echan dentro para que nos quememos. No procura el alma que duela esta llaga de la ausencia del Señor, sino hincan (clavan, fijan, empotran, ensartan), una saeta en lo más vivo de las entrañas y corazón a las veces, que no sabe el alma qué ha (hacer) ni qué quiere. Bien entiende que quiere a Dios" (V 29,10)
Dardo de oro:
Uno de esos ímpetus, la transverberación, es descrito con el simbolismo del fuego y del dardo: "veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla No era grande sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan (deben ser de los que llaman querubines) Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas; al sacarle me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios" (V 29,13).
Llama:A punto de concluir el Libro de la Vida, Teresa de Jesús describe la mayor visión de la Humanidad de Cristo que jamás haya tenido, y lo hace con la imagen de la llama: "Vi a la Humanidad sacratísima con más excesiva gloria que jamás la había visto. Representóseme, por una noticia admirable y clara, estar metido en los pechos del Padre. Esto no sabré yo decir cómo es; porque, sin ver, me pareció me vi presente de aquella Divinidad. Quedé tan espantada y de tal manera, que me parece pasaron algunos días que no podía tornar en mí; y siempre me parecía traía presente aquella majestad del Hijo de Dios Es una llama grande, que parece abrasa y aniquila todos los deseos de la vida" (V 38, 17-18).