16 DE JULIO: VIRGEN DEL CARMEN, SOLEMNIDAD

Virgen del Carmen
Solemne Conmemoración de la
Bienaventurada Virgen María
del Monte Carmelo.
Celebración: 16 de Julio.

Celebra el Carmelo la solemnidad de la Virgen María, Madre amantísima, a quien la Orden debe todo cuanto es. La Liturgia se hace acción de gracias al Padre por este don inmenso de su amor, y alabanza a María en la contemplación de su misterio y de su misión como Madre universal de todos los hombres y como Reina del Carmelo.

Dos realidades constituyen especialmente la profundización del misterio de María a través de la experiencia espiritual del Carmelo.


María es la Virgen orante, modelo de todo carmelita en la meditación, vivencia y predicación de la Palabra.

María es la Madre espiritual que acompaña el desarrollo de nuestra vida cristiana hacia la plenitud de Cristo, desde las aguas bautismales hasta la entrada en la gloria.

El don del Escapulario como signo de protección, estímulo de imitación, promesa de las realidades escatológicas de nuestra vida cristiana, viene a ser una síntesis de nuestra devoción a la Virgen, Madre y Reina del Carmelo.

La Liturgia canta el misterio de María, y el Carmelo alaba a Dios por las maravillas que en ella ha obrado y por los beneficios que de ella ha recibido.
De los Oficios Propios del Carmelo Teresiano.


Liturgia de las Horas 
Virgen del Carmen
Todos los Derechos Reservados@

I Vísperas
Himno


Blanca flor del Carmelo,
vid en racimo,
celeste claridad,
puro prodigio
al ser, a una,
Madre de Dios y Virgen:¿
¡Virgen fecunda!

Madre, que florecida
del Enmanuel,
atesoras intacta
la doncellez;
estrella,guía
de los rumbos del mar,
sénos propicia.

Vástago de Jesé,
vara profética
que el Hijo del Altísimo
das en cosecha;
Madre, consiente que 
vivamos contigo
ahora y siempre.

Azucena que brotas
Inmaculada
y te yergues señera
entre las zarzas;
devuelve, Virgen,
nuestra frágil arcilla
a su alto origen.

Ponnos, nueva Judit,
para la lucha
tu santo Escapulario
como armadura;
con tu vestido
cantaremos victoria
del enemigo.

Bajo noches oscuras
navega el alma,
enciende tú los rayos
de la esperanza,
y sé lucero
que lleve nuestra nave,
seguro al puerto.

Señora, desde siempre
los carmelitas
nos tenemos por hijos
de tu familia,
y confiamos
que un día nos acojas
en tu regazo.

María, puerta y llave
del paraíso,
queremos desatarnos
y estar con Cristo;
si tú nos abres,
reinaremos allí
con tu Hijo, ¡Madre!

Salmodia
Ant. 1 Tiene María la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarón.

Salmo 112
Alabad, sievos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
Ahora y por siempre:
De la salida del sol hasta su ocaso,
Alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Ant. Tiene María la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarón.

Ant. 2 ¡Tu eres la gloria de Jerusalén, tú la alegría de Israel, tú el orgullo de nuestra raza!

Salmo 147

Glorifica al Señor, Jerusalén
alabad a tu Dios Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

El envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el cielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así
ni les dio a conocer sus mandatos.

Ant. ¡Tú eres la gloria de Jerusalén, tú la alegría de Israel, tú el orgullo de nuestra raza!

Ant. 3 Tus hijos, Virgen María, serán tu gozo, porque Dios los bendecirá y los reunirá en tu nombre

Cántico Ef 1, 3, 10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor

El nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y la
tierra.

Ant. Tus hijos, Virgen María, serán tu gozo, porque Dios los bendecirá y los reunirá en tu nombre

LECTURA BREVE Ap 11, 19ª; 12, 1

Se abrieron las puertas del templo celeste de Dios y dentro de el se vio el Arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas.

RESPONSORIO BREVE

R. Tu eres admirable,* Santa María del Carmelo. Tú eres.
V. Tú eres la llena de gracia. * Santa Maria del Carmelo. Gloria al Padre. Tú eres admirable.

Ant. Magnif. Santa Madre de Dios, gloria del Monte Carmelo, reviste de tus virtudes a la familia que tú has escogido, y defiéndela de todo peligro.

Preces

Bendigamos a Dios, nuestro Padre, que nos concede hoy la alegría de celebrar la
solemnidad de la virgen del Carmen, y digámosle:

Que interceda por nosotros la Madre del Carmelo

Tú, que anunciaste a nuestros padres el misterio de, María, la Hija de Sión, heredera de las promesas
­­___ Concede a tu Iglesia reflejar en el mundo la imagen de María, para que sea sacramento de salvación.

Tú, que ha suscitado en tu Iglesia nuestra humilde familia del Carmelo, ennobleciéndola con la advocación especial de María
___ Otorga a los Carmelitas la gracia de servir a la virgen y de vivir con ella en obsequio de Cristo.

Tú, que has encomendado al amor maternal de María a todos los hermanos de Cristo, tu Hijo,
___ Has que cuantos se han consagrado a ella ardan en el celo de la salvación de los hombres.

Tú, que has acrecentado con numerosos hijos que viven de su espíritu en la vida religiosa y dan testimonio en medio del mundo,
___ Concede a los Carmelitas vivir con María unidos en la oración, siendo unos en corazón y en alma.

Tú, que has prometido la corona de la gloria a los que perseveran en tu amor hasta el fin,
___ Otorga a nuestros hermanos difuntos que sirvieron con fidelidad a Cristo y a María, la gracia de contemplarte cuanto antes en el cielo.

Padre nuestro…

Oración

Te suplicamos, Señor, que nos asista con su intercesión poderosa la Santísima Virgen María, Madre y reina del Carmelo, para que, guiados por su ejemplo y protección, lleguemos hasta la cima del monte de la perfección que es Cristo. Que vive y reina

O bien:

Señor Dios nuestro, que has honrado a la orden del Carmelo con la advocación especial de la bienaventurada y siempre Virgen María, Madre de tu Hijo; concede a cuantos hoy celebramos su solemnidad que, guiados por su ejemplo y protección, lleguemos hasta la cima del monte de la perfección que es Cristo. Que vive y reina.

Invitatorio
Ant. Aclamemos al Señor, recordando los beneficios de la Virgen María, Madre del Carmelo.



Oficio de lectura

Himno
Virgen alta, en los arcos del Céfiro estrellada,
Dilatando tus haces al fondo del estuario,
el escollo y la noche presos en tu mirada
y abierto entre tus brazos el santo Escapulario.

Te vio Elías furtivas salir de entre las ondas
y te adoró en la huella que sin ruidos subía.
te vio crecer en rama de tempestad y en frondas
y frutos milagrosos de tenue lejanía.

¡OH Reina de los mares! ¡OH del valle caído
lucero y esperanza contra el batir del viento!
Ábrenos donde sube sin fin nuestro gemido.
Rómpenos los cristales del alto firmamentos.

Nos hiere el infinito con su potente lanza,
en el mar derramamos lágrimas y cantares.
No nos dejes, ¡OH tú!, por quien la luz se alcanza,
Y guíanos al puerto, ¡OH Reina de los mares!

SALMODIA

Ant. ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre
De manos inocentes y puro de corazón.

Salmo 23

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocente
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de la salvación.

Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
¡Portones!, alzad los dintéleles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es el Rey de la gloria?
___ El Señor, héroe valeroso;
El Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dintéleles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es el Rey de la gloria?
___ El Señor, Dios de los ejércitos:
Él es el Rey de la gloria.

Ant. ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre
De manos inocentes y puro de corazón.

Ant. 2 Los traeré a mi monte santo; los alegraré en mi casa de oración.

Salmo 45

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.

Por eso no tememos, aunque tiemble la tierra
y los montes se desplomen en al mar.

Que hiervan y bramen sus olas,
que acudan a los montes con su furia:

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El correr de las acequias alegra a la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.

Teniendo a Dios en medio, no vacila,
Dios la socorre al despuntar la aurora.

Los pueblos se amotinan, los reyes se revelan;
pero él lanza su trueno y se tambalea la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Venid a ver las obras del Señor,
Las maravillas que hace en la tierra:
pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Ant. Los traeré a mi monte santo; los alegraré en mi casa de oración.

Ant. 3 ¡Qué pregón tan glorioso para ti, María, ciudad de Dios! El Señor te ha cimentado sobre el monte santo.

Salmo 86
El la ha cimentado sobre le monte santo:
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.

¡Qué pregón tan glorioso para ti, cuidad de Dios!
« Contaré a Egipto y Babilonia entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí ».

Se dirá de Sión: « Uno por uno
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado ».

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
« Este ha nacido allí »,
Y cantarán mientras danzan:
« Todas mis fuentes están en ti «

Ant. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, María, ciudad de Dios! El Señor te ha cimentado sobre el monte santo.

V. Os conduje a la tierra del Carmelo
R. Para que comieseis sus mejores frutos.

PRIMERA LECTURA
Del Libro primero de los Reyes 18, 36-39, 41-45ª


Oró Elías en la cima del Carmelo y las nubes enviaron su lluvia
Llegada la hora de la ofenda, el profeta Elías
Se acercó y oró:
___ ¡Señor Dios de Abrahán, Isaac e Israel! Que se vea hoy que tú eres el Dios de Israel y yo tu siervo, y que he hecho esto por orden tuya. Respóndeme, Señor, respóndeme, para que sepa esta gente que tú, Señor, eres el Dios verdadero, y que eres tú quien les cambiará el corazón.
Entonces el Señor envió un rayo que abrazó la víctima, la leña, las piedras y el polvo, y secó el agua de la zanja.

Al verlo, cayeron todos sobre su rostro exclamando:
___ ¡El Señor es el Dios verdadero! ¡El Señor es el Dios verdadero!

Elías dijo a Ajab:
___ Vete a comer y beber, que ya se oye el ruido de la lluvia.
Ajab fue a comer y beber, mientras Elías subía a la cima del Carmelo; allí se encorvó asía la tierra, con el rostro en las rodillas, y ordenó a su criado:
___ Sube a otear el mar.
El criado subió, miró y dijo:
___ No se ve nada.
Elías ordenó:
___ Vuelve otra vez.
El criado volvió siete veces, y a la séptima dijo:
___ Sube del mar una nubecilla como la palma de una mano.
Entonces Elías le mandó:
___ Vete a decirle a Ajab que se enganche y se vaya, no le coja la lluvia.
En un instante se oscureció el cielo con nubes empujadas por el viento y empezó a diluviar.

RESPONSORIO SAL 64, 10. 11. 13

R. Tú cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida. bendices sus brotes.
V. Rezuman los pastos del páramo, y las colinas se orlan d alegría. * bendices sus brotes.

SEGUNDA LECTURA

De la carta de Pío XII, del 11 de febrero de 1950, con ocasión del 

centenario del Escapulario del Carmen.
(AAS 42 [1950], 390 – 391)

El Escapulario, símbolo de las virtudes cristianas
Nadie ignora, ciertamente, de cuánta eficacia sea para avivar la fe católica y reformar las costumbres, el amor a la Santísima Virgen, Madre de Dios, ejercitado principalmente mediante aquellas manifestaciones de devoción, que contribuyen en modo particular a iluminar las mentes con celestial doctrina y a excitar las voluntades a la práctica de la vida cristiana. Entre éstas debe colocarse, ante todo, la devoción del Escapulario de los carmelitas, que, por su misma sencillez al alcance de todos y por los abundantes frutos de santificación que aporta, se halla extensamente divulgada entre los fieles cristianos.
No se trata de un asunto de poca importancia, sino de la consecución de la vida eterna en virtud de la promesa hecha, según la tradición por la Santísima Virgen; se trata, en otras palabras, del más importante entra todos los negocios y del modo de llevarlo a cabo con seguridad. Es, ciertamente, el santo Escapulario una como librea mariana, prenda y señal de protección de la Madre de Dios; más no piensen los que visten esta librea que podrán conseguir la salvación eterna abandonándose a la pereza y desidia espiritual, ya que el Apóstol nos advierte: Trabajad por vuestra salvación con respeto y sinceridad.
Reconozcan en este memorial de la Virgen un espejo de humildad y castidad; vean en la forma sencilla de su hechedura un compendio de modestia y candor; vean, sobre todo, en esta librea que visten día y noche, significada con simbolismo elocuente, la oración con la cual invocan el auxilio divino; reconozcan, por fin, en ella su consagración al Corazón santísimo de la Virgen inmaculada.

RESPONSORIO Is 61, 10; Ap 16, 15b

R. Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios. * Porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo.
V. Dichoso el que esté en vela y conserve puestos sus vestidos. * Porque me ha visto.


O bien:
De las enseñanzas de Pablo VI
(Alocución del 10 mayo de 1967; alocución del 22 de junio de 1967; 

AAS 59 [1967], 514-515,779)

¡Dichosa tú, que has creído!

La bienaventurada Virgen María estuvo, a buen seguro, iluminada interiormente con un carisma extraordinario de luz, según lo exigía, por una parte, su inocencia, y su misión, por otra. El Evangelio deja transparentar su lúcido conocimiento de las cosas divinas y la intuición profética que inundaban su alma privilegiada. Con todo, nuestra Señora tuvo la fe, virtud ésta que no supone un conocimiento directo, fruto de la evidencia, sino más bien la aceptación de la verdad por motivo de la palabra reveladora de Dios. «La Santísima Virgen —afirma el Concilio Vaticano II —avanzó en la peregrinación de la trabajosa y meritoria, cuando nos trasmite el singular elogio de Isabel, en el que se nos descubre estupendamente la psicología y la virtud de Maria: ¡Dichosa tú, que has creído!

Esta virtud fundamental de nuestra Señora se halla atestiguada en cada una de las páginas evangélicas que consignan lo que María fue, lo que dijo, lo que hizo. Un testimonio tan significativo nos lleva irresistiblemente a la escuela de su ejemplo, para tratar de descubrir en las actitudes personales de la incomparable figura de María frente al misterio de Cristo, en ella realizado, las disposiciones de ánimo características de los hombre deseosos de vivir religiosamente conforme al plan divino de nuestra salvación. Estas actitudes vitales son la escucha, la búsqueda, la acogida, el sacrificio; la reflexión, la espera, la indagación; la posesión interior de sí mismo, la seguridad serena e independiente a la hora de juzgar y obrar; en fin, la oración y la comunión. Todas y cada una de esas actitudes eran como congénitas al alma de María, un alma privilegiadamente llena de gracia y rebosante del Espíritu Santo, pero al estar empapadas de fe nos resultan cercanas, y no sólo admirables, sino imitables.

Vuestro camino es el estrecho, riguroso y arduo de la vida ascética; un camino tan comprometido en la busca específica del sublime arte de la oración y del trato íntimo de amistad con Dios, que os acredita de hecho como rastreadores de la única plenitud, de la única paz, del único amor en la unión del alma con Dios.

Que la Virgen Santísima os afiance en vuestra vocación carmelita. Que ella os conserve al gusto por las cosas espirituales, que ella os alcance los carismas de las santas y difíciles escaladas hacia el conocimiento de lo divino y hacia las inefables experiencias de sus noches oscuras y de sus días luminosos. Que ella meta en vuestra alma aspiraciones de santidad y de testimonio escatológico del reino de los cielos. Que ella os haga ejemplares y fraternos en la Iglesia de Dios. Que ella, por último, os introduzca algún día en la posesión de Cristo, a quien habéis consagrado vuestra vida desde ahora, y en el goce de su gloria.

RSPONSORIO Cf. St 1,21b; Lc 11, 28b; 2,19
R. Acepta la palabra de Dios, que es capaz de salvaros. * Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.

V. María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. * Dichosos.

O bien:


De las Instrucciones místicas del padre Miguel de San Agustín
(Lib. I, tr. I, cap. 18; ed. Antuerpi, 1671, 31 – 32)

Por María de Jesús
No puedo menos de recomendar a todos encarecidamente una entrañable devoción, un amor filial y un tierno efecto a María, la Madre amable, como medio de singular eficacia para vivir como buen cristiano; y ello, porque saludándola, como la saludamos, con los títulos de Madre de gracia y Madre de misericordia __ gracia y misericordia que son de todo punto indispensables para llevar una vida piadosa __, ¿A quién podríamos recurrir con más derecho, en busca de la gracia y la misericordia que a la Madre de la gracia, que a la madre de la misericordia? Así, pues, me atrevo a hacer mías las palabras del Apóstol: Acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia en el tiempo oportuno.

Ahora bien, para poder acercarnos confiadamente a la que es el trono y madre de la misericordia, debemos primero granjearnos su amor. Por eso todos cuantos se glorían de llamarse esclavos, hijos o hermanos de maría, han de esmerarse en armonizar su vida con las exigencias de tal título, procurando parecerse a Patrona tan santa, a madre tan amable y a Hermana tan compasiva en alguno de sus rasgos espirituales mediante la imitación de sus perfecciones y la asimilación de sus buenas cualidades. Tú __no importa quien__, que amas a María como a madre, imita su humildad, castidad, pobreza y obediencia; copia de tan soberano modelo el amor de Dios y del prójimo, así como las demás virtudes.

Si quieres tributar a nuestra Señora obligado y puntual homenaje y manifestarle tu amor, sigue este consejo: después de haber ofrecido a diario tu persona, todas tus cosas y mundo entero a la Santísima Trinidad por las intenciones de Cristo y en unión de sus méritos, acostúmbrate luego a ofrendar especialmente a ese tu madre tan amable cuanto eres y cuanto tienes, y al igual que todo lo haces por la palabra del Señor, hazlo también por la palabra de María y en su nombre.

Pon tu persona entera en manos de María. Acércate a ella como a la maestra más sabia, como a la virgen más prudente. En una palabra, pórtate con ella como corresponde a un hijo que precie, y comprobarás por experiencia que es ella la Madre del amor puro y de la esperanza santa, que te colmará de toda gracia de camino y de verdad y te alumbrará con toda esperanza de vida y de virtud. La Virgen nunca se cansará de alcanzarte las gracias necesarias para que perseveres en la auténtica piedad. Más aún, ella te servirá de fuente de aguas vivas. Ni tendrá a menos, en el trance de la muerte, decir que es tu hermana, o mejor, tu madre, para que te vaya bien y vivas en gracia a ella. De este modo, llevando una vida de devoción y servicio a nuestra Señor, merecerás también expiar en su amor con una muerte confiada, serena y piadosa, para ser llevado venturosamente en sus brazos maternales al puerto de la salvación; que al devoto de María le irá bien en la hora suprema.

RESPONSORIO Cf. Sal 33, 12; Is 2,3b; Si 24, 30.24 – 25ª

R. Venid, hijos, escuchadme; venid, subamos al monte del Señor. * El que me escucha no fracasará.

V. Yo soy la madre del amor puro y de la esperanza santa. En mí está toda la gracia de camino y de verdad. * El que me escucha.



Oficio de Vigilia





Ant. Llévanos, María, hasta la cima del Carmelo, que es Cristo, vida del cielo.

Cántico I   --  Is 2, 2 – 3
Al final de los días estará firme
El monte de la casa del Señor,
en la cima de los montes,
encumbrado sobre las montañas.

Hacia él confluirán los gentiles,
caminarán pueblos numerosos.
Dirán: Venid, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob:

él nos instruirá en sus caminos,
y marcharemos por sus sendas;
porque de Sión saldrá la ley,
de Jerusalén la palabra del Señor.

Cántico I I   --   Is 61, 10-62,3
Desbordo de gozo con el Señor,
y me alegro con Dios:
porque me ha vestido un traje de gala
y me ha envuelto en un manto de triunfo,
como novio que se pone la corona,
o novia que se adorna con sus joyas.

Como el suelo echa sus brotes,
como un jardín hace brotar sus semillas,
así el Señor hará brotar la justicia
y los himnos, ante todos los pueblos.

Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que rompa la aurora de su justicia
y su salvación llamee como antorcha.

Los pueblos verán tu justicia,
y los reyes, tu gloria;
te pondrían un nombre nuevo
pronunciado por la boca del Señor.

Será corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios.


Cántico III   --   Is 62,4–7
Ya no te llamarán « Abandonada»;
ni a tu tierra, « Devastada »;
a ti te llamarán «Mi favorita»,
y a tu tierra, «Desposada»,
porque el Señor te prefiere a ti,
y tu tierra tendrá marido.

Como un joven se casa con su novia,
así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa
la encontrará tu Dios contigo.

Sobre tus murallas, Jerusalén,
he colocado centinelas;
ni de día ni de noche
nunca callan;
los que se lo recordáis al Señor
no os deis descanso.

No le deis descanso,
hasta que la establezca,
hasta que la haga de Jerusalén
la admiración de la tierra.

Ant. Llévanos, María, hasta la cima del Carmelo, que es Cristo, vida del cielo.

EVANGELIO   Lc 1, 39–56
En aquellos días, María se puso en camino y fue a prisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
___ ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tu, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
María dijo:
___ Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador,
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitará todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras
grandes por mí; su nombre es santo.
Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
El hace proezas con su brazo;
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes;
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacío.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Himno Te Deum
Oración como en Laudes.


Laudes
El barco del Carmelo reza y canta,
al hacerse a la mar del nuevo día,
y en su mástil por vela se levanta
el santo Escapulario de María.

Corre, sopo de lana bien tejido.
Vete al ancho camino de las gentes.
Ilumina la noche del olvido
y recoge el cansancio de las frentes.

Toca el pecho de acero de los barcos.
Cruza el recto camino de las balas.
Sube al negro confín y abre los arcos
de la gracias divina con tus alas.

Estamos en la ruta; la esperanza
tiñéndonos los ojos va delante,
el corazón cantando lo que alcanza,
y la noche ha perdido su semblante…

SALMODIA


Ant. 1 Llévanos contigo, Virgen Inmaculada; correremos tras el olor de tus perfumes.

Salmo 62, 2-9

OH Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agotada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con jubilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Ant. Llévanos contigo, Virgen Inmaculada; correremos tras el olor de tus perfumes.

Ant. 2 Alégrate, María, llena e gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.

Cántico Dn 3, 57-88. 56

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y día, bendecid al Señor;

bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Al fin de este cántico no se dice
Gloria al Padre


Ant. Alégrate, María, llena e gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.

Ant. 3 Dichosa eres, Virgen María; engendraste al que te Creó, y permanecerás virgen para siempre.

Salmo 149

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en al asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danza,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en la mano:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Ant. Dichosa eres, Virgen María; engendraste al que te Creó, y permanecerás virgen para siempre.

LECTURA BREVE Is 35, 1-2
El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios.

RESPONSORIO BREVE

R. Bajo tu protección nos acogemos, * Santa Madre de Dios. Bajo tu protección.
V. No deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades. * Santa Madre de Dios. Gloria al Padre. Bajo tu protección.

Ant. Bend. Jesús dijo a su Madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: Ahí tienes a tu Madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

PRECES

Proclamemos agradecidamente la gloria de Cristo, nuestro Salvador, primogénito de muchos hermanos, que nos ha dado a María por Madre, y digamos con gozo:

Por el don de María, tu Madre, te alabamos, Señor.

Cristo Redentor, que preparaste a la Virgen Inmaculada, para ser tu mansión,
- guárdanos en tu servicio pobres de espíritu y limpios de corazón como María.

Palabra única del Padre, hablada en eterno silencio y acogida amorosamente en el seno de la Virgen,

- concede a todos los carmelitas que, fieles en la imitación de su Madre, sepan escuchar y proclamar tu palabra.

Cristo, Maestro bueno, que nos has dado en María el modelo de todas las virtudes,


- haz que reproduzcamos la verdadera imagen de nuestra Madre, imitando su caridad.

Jesús, que desde la cruz confiaste a tu Madre al discípulos Juan para que la recibiera en su casa,
- otórganos una vida de intimidad con María, para llegar, con su ayuda, a la inefable experiencia de tu amor.

Cristo, Esposo de la Iglesia, que derramaste tu Espíritu Santo sobre los Apóstoles que perseveraban unidos en la oración con María, tu Madre,
- concede al Carmelo permanecer unido en la oración, para que se renueve continuamente con la fuerza del Espíritu.

Padre nuestro…

Oración


Te suplicamos, Señor, que nos asistas con su intercesión poderosa la Santísima Virgen Madre y Reina del Carmelo, para que, guiados por su ejemplo y protección, lleguemos hasta la cima del monte de la perfección que es Cristo. Que vive y reina.

O bien:
Señor Dios nuestro, que has honrado a la Orden del Carmen con la advocación especial de la bienaventurada y siempre Virgen María, Madre de tu Hijo; concede a cuantos hoy celebramos su solemnidad que, guiados por su ejemplo y protección, lleguemos hasta la cima del monte de la perfección que es Cristo. Que vive y reina.


Hora intermedia

Tercia

Himno

Tu poder multiplica
la eficacia del hombre,
y crece cada día entre sus manos
la obra de tus manos.

Nos señalaste un trozo de la viña
y nos dijiste: ___Venid a la viña.

Nos mostraste una mesa vacía
y nos dijiste: ___Llenadla de pan.

Nos presentaste un campo de batalla
y nos dijiste: ___Construid la paz.

Nos sacaste al desierto con alba
y nos dijiste: ___Levantad la ciudad.

Pusiste una herramienta en nuestras manos
y nos dijiste: ___Es tiempo de crear.

Escucha, a la mañana, el rumor del trabajo
con que el hombre se afana en tu heredad.

Glorifica al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Por los siglos. Amen.

SALMODIA

Ant. Eres Madre admirable sobre toda ponderación. OH María, y mereces el eterno recuerdo de tus hijos.

(Ant. 1 Llamé y me respondió.)

Salmo 119
En mi aflicción llamé al Señor,
y él me respondió.
Líbrame Señor, de los labios mentirosos,
de la lengua traidora.

¿Qué te va a dar o a mandarte Dios,
lengua traidora?
Flechas de arquero, afiladas
con ascuas de retama.

¡Ay de mí, desterrado en Masac,
acampado en Cadar!
Demasiado llevo viviendo
con los que odian la paz;
cuando yo digo: « Paz »,
ellos dicen: « Guerra ».

Ant. Eres Madre admirable sobre toda ponderación. OH María, y mereces el eterno recuerdo de tus hijos.


(Ant. 1 Llamé y me respondió.)


(Ant. 2 El Señor guarde tus entradas y salidas.)

Salmo 120
Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
el auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
Él guarda tu alma;
El Señor guarda tus entradas y salidas,
Ahora y por siempre.

(Ant. El Señor guarde tus entradas y salidas.)

(Ant. 3 Me he alegrado por lo que me dijeron.)

Salmo 121

Qué alegría cuando me dijeron:
« Vamos a la casa del Señor ».
Ya están pisando nuestros pies
Tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.

Desea la paz a Jerusalén:
« Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios».

Por mis hermanos y compañeros
voy a decir: « La paz contigo ».
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

(Ant. Me he alegrado por lo que me dijeron.)

LECTURA BREVE Pr 8, 32-34
Hijos míos, escuchadme: Dichosos los que siguen mis caminos; escuchad la instrucción, no rechacéis la sabiduría. Dichoso el hombre que me escucha, velando en mi portal cada día, guardando las jambas de mi puerta.

V. Quien me alcanza, alcanza la vida.
R. Y goza el favor del Señor.

B) Sexta
Himno

Te está cantando el martillo
y rueda en tu honor la rueda.
Puede que la luz no pueda
librar del humo su brillo.
¡Que sudoroso y sencillo
te pones al mediodía,
Dios de esta dura porfía
de estar sin pausa creando,
y verte necesitando
del hombre más cada día!

Quien diga que dios ha muerto
que salga a luz y vea
si el mundo es o no tarea
de un Dios que sigue despierto.
Ya no es su sitio el desierto
ni en la montaña se esconde;
decid, si preguntan dónde,
que Dios está ___sin mortaja___
en donde un hombre trabaja
y un corazón le responde.

SALMODIA

Ant. Alegraos de las misericordias de María, y no tendréis que avergonzaros de su alabanza.

(Ant. 1 Tú, que habitas en el cielo, ten misericordia de nosotros.)

Salmo 122

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,

como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor Dios nuestro,
esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia;
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
de sarcasmo de los satisfecho,
del desprecio de los orgullosos.

Ant. Alegraos de las misericordias de María, y no tendréis que avergonzaros de su alabanza.

(Ant. 1 Tú, que habitas en el cielo, ten misericordia de nosotros.)

(Ant. 2 Nuestro auxilio es el nombre del Señor.)

Salmo 123

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
__que lo diga Israel__;
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombre,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habría arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.

Bendito el Señor, que no nos entregó
en presa a sus dientes;
hemos salvado la vida como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió y escapamos.

Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

(Ant. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.)

(Ant. 3 El Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.)

Salmo 124
Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.

Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.

No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos extiendan su mano a la maldad.

Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!

(Ant. El Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.)

LECTURA BREVE Si 24, 15-16

En Sión me estableció; en la ciudad escogida me hizo descansar, en Jerusalén reside mi poder. Eché raíces en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad, y resido en la congregación plena de los santos.

V. Mi nombre es más dulce que la miel.
R. Y mi herencia mejor que los panales.


C) Nona
Himno

Fuerza tenaz, firmeza de las cosas,
inmóvil en ti mismo;
origen de la luz del mundo
y norma de su giro,

Concédenos tu luz en una tarde
sin muerte ni castigo,
la luz que se prolonga tras la muerte
y dura por los siglos. Amen.

SALMODIA
Ant. Con lo que ganan sus manos planta un huerto, sus hijos se levantan para felicitarla.

(Ant. 1 El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.)

Salmo 125
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión
nos parecía soñar:
La boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
« El Señor ha estado grande con ellos ».
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes de Nagueb.
Los que sembraban con lágrimas,
Cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando
trayendo sus gavillas.

Ant. Con lo que ganan sus manos planta un huerto, sus hijos se levantan para felicitarla.

(Ant. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.)

(Ant. 2 El Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.)

Salmo 126

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios los da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en manos de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba,
aunque quedara derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

(Ant. El Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.)

(Ant. 3 Dichoso el que teme al Señor.)

Salmo 127

¡Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos!

Comerás del fruto de su trabajo,
serás dichoso, te irá bien;
tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;

tus hijos, como renuevos de olivo,
al rededor de tu mesa:
ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.

Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida;
que veas a los hijos de tus hijos.
¡Paz a Israel!

(Ant. Dichoso el que teme al Señor.)


LECTURA BREVE Si 24, 23-25

Como vid hermosa retoñé: mis flores y frutos son bellos y abundantes. Yo soy la madre del amor puro, del temor, del conocimiento y de la esperanza santa. En mí está toda la gracia del camino y de la verdad, en mí toda esperanza de la vida y de la virtud.

V. Mira desde le cielo, fíjate, ven a visitar la viña.
R. Que tu diestra plantó.



II Vísperas
Himno

OH Madre de la luz, Señora de los mares, 

Estrella a quien invoca nuestro esfuerzo rendido, 
puebla tú nuestros ojos de luces y cantares, acalla 
nuestro grito en tu amor redimido.

Lluvia dulce y fecunda de nubes de promesa 
transfigurando savias y trigos de sequía, mantén 
entre tus manos nuestra esperanza ilesa y enjuga 
nuestro llanto, Vid en flor, OH María.

Privilegia a tus hijos con tu limpia mirada, 
y alcancen nuestros ojos tu distancia de vuelo. 
Estrella de los mares, lumbre intacta, empapada 
de llanto y sal amargos. ¡Señora del Carmelo! Amén.

O bien el himno « Blanca Flor del Carmelo » como en las I Vísperas 

SALMODIA

Ant. 1 Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

Salmo 121
Qué alegría cuando me dijeron:
« Vamos a la casa del Señor ».
Ya están pisando nuestros pies
Tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.

Desea la paz a Jerusalén:
« Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios».

Por mis hermanos y compañeros
voy a decir: « La paz contigo ».
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Ant. Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

Ant. 2 María escuchaba la palabra de Dios y la conservaba, meditándola en su corazón.

Salmo 126

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios los da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en manos de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba,
aunque quedara derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Ant. María escuchaba la palabra de Dios y la conservaba, meditándola en su corazón.

Ant. 3 Los Apóstoles perseveraban unidos en la oración con María, la Madre de Jesús.

Cántico Ef 1, 3-10 Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.

El nos ha destinado en al persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de sus gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Ant. Los Apóstoles perseveraban unidos en la oración con María, la Madre de Jesús.

LECTURA BREVE Ga 4, 4-6 Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: « ¡Abba! » (Padre).

RESPONSORIO BREVE

R. Desbordo de gozo con el Señor, * Y me alegro con mi Dios. Desbordo de gozo.
V. Porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo. * Y me alegro. Gloria al Padre. Desbordo de gozo.

Ant. Magnif. Hoy la Virgen María nos fue entregada como Madre. Hoy nos dio la prueba de su entrañable compasión. Hoy el Carmelo, iluminado con la esplendorosa fiesta de la Virgen soberana, rebosa de alegría.

O bien:
Hoy celebramos la fiesta de María, Madre hermosa del Carmelo. Hoy los hijos de su amor cantamos sus misericordias. Hoy la Estrella del mar brilla ante su pueblo como signo de esperanza segura de consuelo. Aleluya.

PRECES.
Al celebrar la fiesta de la Virgen María, nuestra Señora, invoquemos a Cristo,
diciéndole confiadamente:

Por la intercesión de la Madre del Carmelo, escúchanos Señor

Tu, que proclamaste: « Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos »,
___ haz que, imitando a María, la primera entre los pobres de Yahvé, merezcamos tenerte a ti por nuestra única riqueza.

Tu, que aseguraste: « Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios »,
___ concédenos, a ejemplo de la Virgen Inmaculada, amar la pureza del corazón para llegar a la contemplación divina.

Tu, que dijiste: « Dichosos los que crean sin haber visto »,
___ haz que nosotros, peregrinos en la noche oscura de la fe, caminemos de la mano de María, la dichosa porque creyó.

Tu, que exhortaste: « Es preciso orar sin desanimarse »,
___ enséñanos a orar con María y a meditar, como ella, tu palabra, para anunciarla a nuestros hermanos.

Tu, que dijiste: « Quiero que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy »,
___ concede a todos los fieles que se han entregado al servicio amoroso de María, tu Madre, el gozo de contemplarte eternamente en el cielo.

Padre nuestro…

Oración: 
Te suplicamos, Señor, que nos asista con su intercesión poderosa la Santísima Virgen María, Madre y Reina del Carmelo, para que, guiados por su ejemplo y protección, lleguemos hasta la cima del monte de la perfección que es Cristo. Que vive y reina.

O bien:

Señor Dios nuestro, que has honrado a la Orden del Carmen con la advocación especial de la bienaventurada y siempre virgen María, Madre de tu Hijo; concede a cuantos hoy celebramos su solemnidad, que, guiados por su ejemplo y protección, lleguemos hasta la cima del monte de la perfección que es Cristo. Que vive y reina.

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